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LEHMAN BROTHERS O LA CONFIRMACIÓN DE UNA ESTAFA LEGAL

El proceso de la bancarrota de Lehman Brothers pone de manifiesto que el modelo de negocios de la banca de inversión es un gran casino en el que ganan los ejecutivos y pierden los clientes y la sociedad.

A principios de diciembre de 2011, la Corte de Bancarrotas de Nueva York certificaba la evaporación de 574.000 millones de dólares de activos.

Lehman Brothers se presentó a esa Corte de Bancarrotas de Nueva York en septiembre de 2008, pidiendo protección legal frente a sus miles de acreedores en todo el mundo, alegando unos activos supuestamente valorados en 639.000 millones de dólares. Tres años después y tras haber pagado 1.500 millones de dólares en honorarios a diferentes profesionales para que pusieran orden en esa casa y realizaran los activos, la misma Corte de Nueva York ha determinado que el valor real de los mismos es de 65.000 millones de dólares. Es decir, 574.000 millones de dólares han sido volatilizados, sin consecuencias para los responsables y cómplices del hecho.

Lehman Brothers ha hecho desaparecer, con el amparo, cobertura y apoyo de la Corte de Bancarrotas de Nueva York, el 90% de sus deudas, soslayando olímpicamente el pago a sus acreedores, pero sin consecuencias, puesto que el procedimiento ha sido absolutamente civil y se ha cerrado con un acuerdo prácticamente unánime.

La prensa afín atribuye irresponsablemente a “apuestas excesivas en el mercado subprime” el origen del quebranto. Sin embargo, cada pérdida debe tener un contexto, responsables y beneficiarios. Es verdad que se ha acusado a Barclays Bank de beneficiarse en unos 11.000 millones de dólares de la quiebra, por adquisición a bajo precio de los mejores activos de Lehman, pero ¿acaso fueron en realidad 11.000 millones? no hay modo de saberlo... pero ¿dónde, cómo y cuándo han ido a parar los 628.000 o 528.000 millones de dólares restantes?

En realidad, se ha cometido y se comete la mayor estafa de la historia, de la que son cómplices instituciones financieras, supervisores y gobiernos. No es extraño que los estafadores de Wall Street ataquen ahora, a través de los mercados que controlan, a los Estados soberanos y a las instituciones políticas: lo que pretende la plaga de Wall Street es secuestrar el género humano, hacer del Hombre el rehén de sus crímenes.

Con la quiebra de Lehman Brothers, Nueva York pasa a la historia de la Humanidad como la ciudad desde la que se ha consumado el mayor latrocinio financiero de todos los tiempos. Y lamentablemente, no hay signos de que Barack Obama, que se erigió hace cuatro años como paladín de los ciudadanos frente a los poderosos, haga otra cosa que poner la Casa Blanca al servicio de estos codiciosos señores de la guerra, militar y financiera, que destruyen familias en Estados Unidos pero también arrasan con países enteros al especular con su divisa y su deuda soberana para incrementar sus activos en dólares y los intereses por los préstamos que realizan con el producto de sus pillajes a los incautos clientes que se ponen en sus manos.

La codicia no es buena. Además de ser un pecado capital, es destructiva de una economía real de los consumidores. Es necesario que algún candidato a la Presidencia lo incluya en su programa.

 

 

 

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